Voy a contarte por qué nos presentamos a este concurso y qué quisimos decir con nuestro proyecto.

Para eso tengo que contarte acerca del día en el que conocí la intemperie. Fue el 14 de junio de 1977. Yo tenía 11 años, estaba en primer año de liceo e iba a ser un día como tantos. Para esa mañana, mi papá, me dejaría en mi liceo de camino a su consultorio. Me desperté pensando en el ritual de ir al garaje, calentar el auto, salir y dejarlo aún calentado en la calle, esperar allí unos minutos mientras él corría y se tomaba un cafecito en la barra del bar de la esquina de Chucarro y Pereira y luego salir. Pero ésto no pasó. Cuando me desperté me dijeron que ya se había ido temprano, que mi mamá también y que me fuera tranquila al liceo en el ómnibus. Cuando volví esa tarde, mi casa estaba llena de gente y allí supe lo que había sucedido.

Quiero decirte que yo no recuerdo nada. Dicen que golpearon violentamente las puertas en la noche, que decían que eran de las Fuerzas Conjuntas, que se despertaron los vecinos de todo el edificio, que entraron y revolvieron la casa, que fueron hasta su dormitorio que era al lado del mío, que entraron con él a mi dormitorio y que él se despidió de mí y ya luego de eso no pudo hacer más nada.

Miles de veces busqué algún rastro de esa noche en mi memoria, pero no está. Es un agujero negro.

Después de eso, ya nunca me olvidé de más nada. Después de eso, la intemperie.

Te puedo contar muchas cosas, como la siguiente vez que lo vi, dos meses después, en el 9º de Caballería, con los lentes rotos, encorvado, caminando con unos pasitos dificultosos, muy lejos de la imagen de mi papá, el dentista siempre de traje que iba a salir aquel día a llevarme al liceo.

Y después ya fueron los años en el Penal de Libertad. Preparar el paquete del mes la noche anterior a la visita, rallar el jabón de lavar porque no lo dejaban pasar entero, escribir los 15 renglones que me tocaban de las cartas porque sólo se podían 2 hojas de 30 renglones y nos teníamos que repartir; el ómnibus de CITA de los miércoles a las 6 de la mañana con mis hermanos y mi madre para ir al Penal; bajar ahí muy cerquita del lugar donde estará el memorial; transitar el largo camino en silencio y sólo oír el ruido de los pasos y del viento; llegar al cartel que decía "EMR 1, Aquí se viene a cumplir". Ir al siguiente control de la revisación abusiva; otra espera parados atravesados por el viento cada vez más húmedo y frío; llegar al lugar de la visita; escuchar la voz de Amanda; entrar al patio de la visita de los niños; las charlas, los mensajes, las miradas de los otros; ver el mameluco gris con el 2257 en lugar del traje gris; la media hora de visita y después volver.

Y toda esta descripción no te dice nada acerca de eso que te digo que es la intemperie.

Pero nada de ésto tiene comparación con lo que pasaron ellos, mi padre, los padres, las madres de tantos niños y me habría dado vergüenza mencionarlo y por eso, te digo que quedó allí en ese lugar de uno que guarda lo más oscuro, lo más doloroso y ahí parece que queda.

Pero hoy te lo quise contar. Porque el silencio se rompe hablando y la memoria se construye con las palabras.

Cuando supimos de la convocatoria al concurso, con Javier decidimos presentarnos. Por mi padre, Alejandro Lejtreger, por su padre, Luis Olascoaga, y por las tantas y tantas personas que con su vida, sus años de encierro, las torturas en su cuerpo y con su lucha forjaron el Uruguay de hoy. Era una oportunidad de darle otra vuelta a la memoria y pensar hacia adelante, hacia el futuro, hacia el Uruguay de mis hijas, de sus hijos y los hijos de toda esta generación.

En función de su ubicación, en un cruce de rutas y con un entorno rural, se consideraron dos formar de percepción, la de quienes pasan en vehículo por la ruta y la de las personas que visitan el sitio.

El espacio se articula en base a tres componentes que recorren estas dos percepciones: la puerta con la ventana, el banco y el camino.

La gran puerta abierta de 15 metros de altura con los nombres de los 2.872 presos políticos, síntesis del futuro real que comienza en el umbral, tiene una ventana que es memoria del futuro anhelado. Al fondo un banco único y largo. Entre estos dos componentes, el camino, que es memoria del que fue tantas veces recorrido a la vez que símbolo del camino permanente hacia la libertad.

La austeridad del hormigón, utilizado en la construcción de las cárceles, es reinterpretada como material de resistencia.

El conjunto se complementa con el bosque de cina cinas, un árbol típico de la flora nacional que por su morfología es memoria de viento y por elementos de hormigón que se disponen en el camino y el bosque, integrando a este sitio los otros sitios de memoria del país.

"Haber logrado concretar la obra y estar juntos ahora en esta inauguración es dejar por fin esa intemperie".

La inauguración del Memorial es un homenaje a quienes vieron violentados sus derechos por luchar por la libertad y la democracia. Es un espacio de representación, un lugar necesario de recordación y reflexión, y una convocatoria a la justicia, como única garantía de que hechos de esta naturaleza no vuelvan a repetirse. Y en esa recordación, renovar el compromiso permanente con los derechos humanos, construyendo una red que desde una perspectiva simbólica sea una coordinación regional de preservación de memoria y de construcción de futuro, un plan contra todo olvido, un plan Anticóndor.