Si bien el grave problema de la inseguridad y la violencia no es nada nuevo, en los últimos meses este tema se ha agudizado notoriamente en todos los aspectos.

Hoy el riesgo de sufrir un robo, una rapiña, y lo que es mucho más terrible, de ser herido o muerto en cualquiera de estos incidentes es impredecible.

Ya no hay lugar donde uno se sienta seguro, ni en el trabajo, ni en una cancha de fútbol, ni en un espacio público, ni siquiera en su propia casa. Triste, muy triste realidad.

Hoy te roban una moto y balean, mientras estás tomando mate tranquilo en el frente de tu casa, hoy vas a trabajar, abrís las puertas de un negocio y no sabes si volvés, porque un loco, un desequilibrado, un delincuente sin escrúpulos, ni razón, decide quitarte la vida por unos pocos pesos o quizás por nada. Hoy estás en tu casa a plena tarde y un tipo se sube por los techos y por allí te roba los pájaros que tenés colgando en un parral. Los robos a productores se suceden a diario. Copamientos, robo de autos, motos y para qué seguir, si usted amigo lector, sabe tan o mejor que yo, lo que está sucediendo.

Todo esto agudizado por la violencia con que se desarrollan los hechos delictivos; la vida ya no vale nada.

Sabemos que este fenómeno no surge de un día para el otro, que la degradación de una parte de nuestra sociedad se viene dando desde hace muchas décadas, pero algo habrá que hacer, para poder frenar y revertir esta situación.

Nos dicen que a comparación de otros países de América somos de los más seguros. ¿Y? ¿Acaso eso es consuelo? ¡No!, me resisto a esa odiosa comparación, no me importa ser el mejor de los peores, eso no es consuelo, ni vamos por buen camino de esa manera.

Como siempre decimos, no somos idóneos en la materia, no tenemos las respuestas, somos simples comunicadores, trasmisores de una realidad que salta a la vista; por eso apelamos a los que sí saben, a los que tienen la responsabilidad de aplicar políticas de estado, a quienes les competa la responsabilidad.

¿Qué país queremos dejar

a nuestros a nuestros nietos?

Si es que de verdad queremos cambiar para tener una sociedad mejor, trabajemos todos juntos, dejemos las chacritas, dejemos de ser mezquinos y mirar sólo el árbol en vez de levantar la vista y ver el frondoso bosque.

Destinemos los mejores recursos humanos y materiales para tratar de disminuir y a corto plazo poder palear este flagelo. Busquemos caminos de encuentro que nos lleven a buen puerto, y de esta manera encausar un poco esta degradada parte de nuestra sociedad; porque en esto se nos va la calidad de vida, de la que siempre estuvimos orgullosos los uruguayos,

Y a no hacerse los distraídos, a no mirar para el costado, porque éste es un tema que le compete a todo el estado y a toda la sociedad.

Hoy más que nunca los tres poderes del estado deberán trabajar juntos, mancomunados, sin banderías políticas, ni egos personales, con el compromiso sincero y respetando la autonomía que la constitución les confiere.

Myriam Villasante

Directora