Desde el año 1981, el 25 de noviembre se conmemora como "Día contra la violencia hacia las mujeres"- la fecha obedece al brutal asesinato ocurrido en 1960 de las hermanas Mirabal, activistas políticas de República Dominicana.

La Asamblea General de las Naciones Unidas designó esta fecha como Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer, en su resolución 54/134 el 17 de diciembre de 1999.

Es así que los 25 de noviembre son asumidos por organismos del estado y organizaciones sociales, como una fecha para la reflexión y de balance sobre los avances y desafíos hacia la erradicación de la violencia basada en género.

Se trata de un problema social presentado tanto en el ámbito doméstico como en el público en diferentes vertientes: física, sexual, psicológica, económica, cultural, etc. y afectan a las mujeres desde el nacimiento hasta las mujeres de edad avanzada. No está vinculada a una cultura, región o país específico, ni a grupos particulares de mujeres en la sociedad.

La violencia basada en género en sus múltiples formas, constituye una violación de los derechos humanos y requiere el compromiso del Estado en el desarrollo de políticas públicas que permitan dar una respuesta a esta problemática, comprometiendo a las diferentes instituciones en un trabajo articulado, responsable para bajar las escalofriantes cifras de víctimas de violencia y asesinatos.

La violencia se manifiesta de variadas formas, a veces más evidente y otras de manera más solapadas. Puede expresarse en la familia, el trabajo, la comunidad, su objetivo siempre es someter y controlar.

En Uruguay casi siete de cada diez mujeres, han vivido situaciones de violencia basada en género en algún momento de su vida, según la primera encuesta nacional de prevalencia sobre violencia basada en género y generaciones del año 2013.

Según las estadísticas de género de Inmujeres (Instituto Nacional de las Mujeres) de 2014, dos tercios del tiempo de las mujeres está destinado al trabajo no remunerado, y el resto al trabajo remunerado (64,6% y 35,4%, respectivamente), mientras que los varones dedican 31,9% de sus horas a actividades de trabajo no remunerado, y el 68,1% restante lo dedican al trabajo remunerado. La violencia se sostiene en las desigualdades de género que se desarrollan diariamente en nuestra vida cotidiana. En el ámbito laboral, existen brechas salariales entre varones y mujeres (según datos de Inmujeres, en promedio las mujeres perciben 91,0% de los ingresos por hora que reciben los varones). Las mujeres no son valoradas de la misma manera que los hombres a pesar de tener un buen desempeño laboral, y existen barreras para que accedan a altos cargos de dirección, además de ser pasibles de acoso sexual en este ámbito.

Aunque mujeres y varones tienen jornadas laborales similares, cuando ellas llegan a sus hogares continúan con las tareas domésticas y de cuidado, por lo tanto recae sobre las mujeres una mayor carga global de trabajo que limita su tiempo de ocio y recreación.